KARINA
Karina fue mi paciente en Caracas hace más de 10 años. En aquel entonces, decidimos juntas que las carillas de composite eran el mejor camino para realzar su sonrisa. Con el paso del tiempo —y gracias a su constancia con el cuidado dental— esas carillas seguían intactas. Pero ella sentía que era momento de renovarse.
Nuestra historia no terminó en el sillón dental. A pesar de la distancia y los años, siempre mantuvimos el contacto a través de redes. Y eso es algo que valoro profundamente: cuando los pacientes se convierten en parte de tu historia, casi como una familia.
Hoy, ambas vivimos en España. Karina emprendió una nueva vida en Tenerife, donde construyó desde cero su propia empresa de catering. Y en medio de esa rutina de trabajo, esfuerzo y sueños cumplidos, decidió que era el momento de actualizar su sonrisa. Voló hasta Valencia para volver a confiar en mis manos.
Karina es el claro ejemplo de que las carillas de composite no solo son un tratamiento estético, sino también una herramienta de confianza que acompaña a lo largo del tiempo. Su nueva sonrisa refleja su historia: cuidada, auténtica y hecha con cariño.







